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viernes, 9 de diciembre de 2011

CEROTE EL REY DEL GALLINERO

CAPITULO 1- AL ESTE DE ÁFRICA
Más bien al este de África,no muy lejos del gran lago Victoria, el señor Motolumacore tenía sus tierras.
No se trataba de una gran hacienda, como las que poseían algunos ricachones europeos, sino de unos terrenos humildes que había heredado de su padre quien a su vez los había heredado del suyo
.Una parte de las tierras las dedicaba al cultivo de algodón, de café, de cacahuetes, de arroz... Y en la otra parte, mas pequeña, se encontraba su granja.
El señor Motolumacore estaba casado con la señora Lumacoremoto y tenían un hijo y una hija de corta edad. El niño se llamaba Maluto y la niña se llamaba Toluma, los dos niños caminaban juntos hasta la escuela del pueblo, donde una joven y simpática profesora les enseñaba a leer, a escribir, y también les contaba que el mundo no terminaba en la inmensidad del lago Victoria, ni en la llanura del Serengeti, ni si quiera en las lejanas costas del océano Indico.
El señor Motolumacoremoto y la señora Lumakoremoto los veían partir y se sentían muy orgullosos de sus hijos.
- Cada día son mas grandes - Suspiraba la señora Lumacoremoto.
-¡Por supuesto que cada día son mas grandes!- La contestaba el señor Motolumacore-. ¡Es lógico y natural! ¡No preferirás que dejen de crecer y se queden canijos como nuestros vecinos los pigmeos!
-¡Oh no por favor!
Luego desayunaban un gran tazón de leche caliente con tortas de maíz y comenzaban a trabajar.
El trabajo era muy duro, pues tenían que atender los cultivos por un lado y la granja por el otro. Aunque trabajaban a su servicio algunas personas no paraban ni un momento.
En las épocas de siembra o de recogida el señor Motolumacore se levantaba muy temprano y, antes de que el sol asomara entre las montañas, se subía a su camioneta, ponía el motor en marcha y comenzaba a tocar la bocina.
-¡Vamos gandules!- gritaba al mismo tiempo.
Los empleados del señor Motolumacore salían de sus casas frotándose los ojos y bostezando.
El señor Motolumacore y la señora Lumacoremoto se afanaban mucho en sus tareas, querían que sus tierras fueran cada día mas prosperas, para que así sus hijos las heredasen y vivieran mejor que ellos.
Si sus hijos podían vivir mejor que ellos, también vivirían mejor sus amigos y sus vecinos, y los vecinos de sus amigos, y los vecinos de los amigos de los vecinos... el país entero viviría mejor y con su país, todo el continente africano prosperaría, por eso el señor Motolumacore y la señora Lumacoremoto trabajaban sin descanso día tras día.
Por la noche cuando se iban a dormir, estaban tan cansados que ni siquiera podían pronunciar sus nombre enteros.
-Buenas noches Moto- Decía ella.
-Buenas noches Luma- Decía el.
Y a los pocos segundos ya estaban roncando al unisono.
Y así día tras día.
-Hasta mañana Moto.
-Hasta mañana Luma.
Quizá por ese motivo la gente empezó a llamarles señor Moto y señora Luma.


CAPITULO 2- LA GRANJA
Las granjas de África no suelen ser diferentes a las de otras partes, como en una gran familia, en ellas se juntan animales domésticos de todo tipo.
El señor Moto y la señora Luma, a pesar de que a veces tenían que alejarse para trabajar las tierras, no descuidaban nunca su granja.
Con unas estacas de madera y un rollo de alambre habían construido varios corrales para separar a los animales, clavaban las estacas en el suelo, las golpeaban con un mazo y luego iban atando el alambre.
A los animales no les debía gustar vivir separados, pues no hacían mas que saltar las vallas para pasar de un corral a otro. Era normal ver a una cabra y una oveja comiendo del mismo matorral, o una avestruz caminando detrás de una ordenada familia de gansos o incluso una vaca intercambiando secretos con un cebú de dos jorobas.
Todos los animales eran pacíficos y tranquilos y vivían a gusto en la granja del señor Moto y la señora Luma. Sabían que allí siempre estarían bien atendidos por sus dueños.
El señor Moto y la señora Luma no se olvidaban nunca de llevarles la comida ni el agua, ni tampoco del aseo personal, pues muy a menudo limpiaban los corrales para evitar los malos olores. Los animales, a cambio les proporcionaban cremosa leche, fresquísimos huevos, lana de la mejor calidad...
Pero la felicidad no era completa. Y no lo era por culpa de los animales salvajes, esos que vivían fuera de los corrales, esos que no tenían ningún lugar donde esconderse cuando llovía, esos que se pasaban la vida usmeando de aquí para allá en busca de alguna presa.
Los fieros leones, que cuando comenzaban a rugir ponían la carne de gallina a todos los animales, menos a las gallinas por supuesto que se subían a lo mas alto del corral a temblar de temor.
Los veloces guepardos que su piel de camuflaje se deslizaban silenciosamente entre los matojos.
Los monos alborotadores que parecían volverse locos y corrían de un lado a otro en manadas destrozándolo todo.
Las astutas hienas siempre en grupo y siempre al acecho.
Mas de una noche el señor Moto tuvo que salir de su casa con su escopeta de dos cañones
¡Pim, pam, pum!
Disparaba de un lado a otro asustando a las fieras acechantes.
-¿Que ocurre?- Le preguntaba la señora Luma que salia de casa en camisón con su linterna.
-Creo que algún león quiere cenar a nuestra costa, o mejor dicho, a costa de cebúes.
Con el estruendo de los disparos, toda la granja se despertaba, también los empleados salían de sus casas con sus armas y linternas haciendo que el entrometido cazador no pasara por sus tierras.
De nuevo en la cama, sin poder conciliar el sueño, el señor Moto se quejaba en alto:
-No se que hacer, pero algo tengo que hacer, lo que si tengo que hacer es pensar algo que pueda hacer, pero lo que si que no puedo hacer es quedarme despierto a hacer guardia en el corral.
-Me estas haciendo un lió con tanto hacer- Respondía la señora Luma.
-Lo que quiero decir es que tenemos que proteger la granja de los animales salvajes, pues de lo contrario se comerán nuestro ganado y destrozaran nuestra cosecha y nunca podremos prosperar.
-Ni nuestros hijos, ni nuestros vecinos, ni nuestros amigos, ni el país entero, ni el continente africano.
Por mas que lo pensaban no se les ocurría ninguna idea, hasta que un día se les ocurrió la idea mas perfecta que se les podía haber ocurrido.


CAPITULO 3- CEROTE
No muy lejos de las tierras del señor Moto y la señora Luma, en una llanura que se extendia entre redondeadas colinas, vivia cerote.
Cerote era grande, grandisimo, enorme.
Medía algo mas de un metro y medio de alto, que no es una altura considerable en la gran sabana de África comparada con la de las girafas y elefantes, de ancho era casi tan grande como de alto, de frente parecia un tonel, pero lo que realmente impresionaba mas de cerote era que media practicamente 4 metros de largo que terminaban en una graciosa cola terminada en una borla.
Cerote tenia las orejas tiesas y puntiagudas, llenas de pelos, y un largo ocico, tenia una piel gruesa y dura que parecia estar hecha del mismo material que las rocas, solo se podia doblar por los pliegues.
Tenia unas patas mas bien cortas, como si el excesivo peso huviera impedido el desarrollo de ellas.
Pero lo que mas llamaba la atencion del cuerpo de Cerote era algo que tenia situado justo encima de la nariz; un gran cuerno, derecho y afilado, que parecia una gran punta de lanza.
Cerote era un rinoceronte tranquilo y apacible que iva a lo suyo y no se metia con nadie, lo suyo era comer y comer a todas horas.
como era hervivoro no necesitaba cazar, y de lo grande que era nadie se atrevia a cazarle, por eso se llevaba bien con los animales, especialmente con unos pequeños pajaros a los que dejaba que estuvieran en su piel comiendo los molestos bichos que tenia.
Cerote preferia vivir en las verdes praderas, cerca de los rios y preferiblemente si tenian una gran charca llena de barro, a veces tenia que compartirlas con los elefantes pero eso no resultaba problema para cerote.
La vida de Cerote habia transcurrido felizmente de no ser por algunos humanos que se habian empeñado en perseguir a Cerote para conseguir su cuerno, los hombres pensaban que su cuerno tenia propiedades curativas y poderes extraordinarios, y le perseguian para quitarselo, a veces para esconderse tenia que abandonar las verdes praderas e ir a lugares deserticos sin casi hieva.
De vez en cuando cerote pasaba cerca de la granja del señor Moto y la señora Luma y se detenia en lo alto de alguna piedra para hechar un vistazo.
<> Pensaba al ver a los cebúes, gallinas, avestruces... <>. Luego se alejaba despacio haciendose preguntas que no sabia responder <>.

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